miércoles, 28 de septiembre de 2011

Cuento Fantástico: Continuidad de los parques



Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regresaba en tren a la finca; se dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes. Esa tarde, después de escribir una carta a su apoderado y discutir con el mayordomo una cuestion de aparcerías, volvió al libro en la tranquilidad del estudio que miraba hacia el parque de los robles. Arrellanado en su sillón favorito, de espaldas a la puerta que lo hubiera molestado como una irritante posibilidad de intrusiones, dejó que su mano izquierda acariciara una y otra vez el terciopelo verde y se puso a leer los últimos capítulos. Su memoria retenía sin esfuerzo los nombres y las imágenes de los protagonistas; la ilusión novelesca lo ganó casi en seguida. Gozaba del placer casi perverso de irse desgajando línea a línea de lo que lo rodeaba, y sentir a la vez que su cabeza descansaba cómodamente en el terciopelo del alto respaldo, que los cigarrillos seguían al alcance de la mano, que más allá de los ventanales danzaba el aire del atardecer bajo los robles. Palabra a palabra, absorbido por la sórdida disyuntiva de los héroes, dejándose ir hacia las imágenes que se concertaban y adquirían color y movimiento, fue testigo del último encuentro en la cabaña del monte. Primero entraba la mujer, recelosa; ahora llegaba el amante, lastimada la cara por el chicotazo de una rama. Admirablemente restallaba ella la sangre con sus besos, pero él rechazaba las caricias, no había venido para repetir las ceremonias de una pasión secreta, protegida por un mundo de hojas secas y senderos furtivos. El puñal se entibiaba contra su pecho, y debajo latía la libertad agazapada. Un diálogo anhelante corría por las páginas como un arroyo de serpientes, y se sentía que todo estaba decidido desde siempre. Hasta esas caricias que enredaban el cuerpo del amante como queriendo retenerlo y disuadirlo, dibujaban abominablemente la figura de otro cuerpo que era necesario destruir. Nada había sido olvidado: coartadas, azares, posibles errores. A partir de esa hora cada instante tenía su empleo minuciosamente atribuido. El doble repaso despiadado se interrumpía apenas para que una mano acariciara una mejilla. Empezaba a anochecer.
Sin mirarse ya, atados rígidamente a la tarea que los esperaba, se separaron en la puerta de la cabaña. Ella debía seguir por la senda que iba al norte. Desde la senda opuesta él se volvió un instante para verla correr con el pelo suelto. Corrió a su vez, parapetándose en los árboles y los setos, hasta distinguir en la bruma malva del crepúsculo la alameda que llevaba a la casa. Los perros no debían ladrar, y no ladraron. El mayordomo no estaría a esa hora, y no estaba. Subio los tres peldaños del porche y entró. Desde la sangre galopando en sus oidos le llegaban las palabras de la mujer: primero una sala azul, después una galería, una escalera alfombrada. En lo alto, dos puertas. Nadie en la primera habitación, nadie en la segunda. La puerta del salón, y entonces el puñal en la mano, la luz de los ventanales, el alto respaldo de un sillón de terciopelo verde, la cabeza del hombre en el sillón leyendo una novela.


COMENTARIO: El cuento “Continuidad de los parques”, incluido en Final del juego, presenta en su construcción dos historias paralelas que al inicio parecen estar superpuestas en niveles diferentes (lector de la novela=realidad ficional/pareja de amantes=ficción dentro de la realidad ficcional) pero que al final aparecen como una misma realidad (ficcional), convirtiendo así el acto de la lectura y su relación con la realidad (real) en algo completamente relativo. Esta manera de narrar y retar al lector a completar el sentido del texto es una muestra de la teoría del lector activo (o “lector macho”, como escribiera el mismo Cortazar), que poco después llevaría a su máxima expresión en la antinovela Rayuela. La continuidad de los parques es el elemento que sirve de entrada a los demás elementos coincidentes -como la casa de campo y sillón alto de terciopelo verde- que llevan a la convergencia de las historias paralelas en el cuento y a la vez sirve de título. Este texto de ficción narrativa es una pieza única, Cortazar lo escribe y rompe el molde.

Biografía
Julio Cortazar nació el 26 de agosto de 1914 en Bruselas, Bélgica. Su padre trabajaba en la delegación comercial de la embajada argentina. El nombre original del escritor fue Jules Florencio Cortazar Scott. Cuando la Primera Guerra Mundial culminó, los padres (Julio José Cortazar y María Herminia Scott), llevaron a su hijo a Argentina, pasando su infancia en Banfield. Julio se cría con su madre, una tía, su abuela y su hermana Ofelia, un año menor que él. Su vida entonces fue marcada por la afición a la lectura, la compañía de su hermana y el abandono del padre. A los nueve años, escribió una novela y un conjunto de poemas, inspirados en un amor adolescente y el mundo ficcional de Edgard A. Poe.
En 1932 se recibió como maestro de escuela en la Normal Mariano Acosta y trabajó en varios pueblos de Argentina como docente: fue maestro de bachillerato en Bolivar y Chivilcoy (1937-1944); enseñó literatura francesa en la Universidad de Cuyo, en la provincia de Mendoza (1944-1945) renunciando a ésta por su postura contraria al peronismo.

Nicolas Rosati, Franco Valenti

lunes, 12 de septiembre de 2011

Cuentos Fantasticos, Maravillosos y Extraños

Cuentos Fantásticos:

Establecen un juego confuso entre lo que se considera realidad y la existencia de fuerzas sobre naturaleza; por eso, el lector nunca tiene en claro si los sucesos narrados ocurrieron realmente o son productos del sueño, fantasía o locura.
Un ejemplo de este tipo de cuantos es "La metamorfosis de Franz Kafka":

Cuentos Extraños:

Establece una lógica interna para la cual los acontecimientos que parecen salir del campo de lo real reciben una explicación a partir de leyes que son posible o aceptables dentro del orden cotidiano y habitual.
Un ejemplo de este tipo de cuantos es "el almohadón de plumas de Horacio Quiroga": http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/quiroga/almohado.htm

Cuentos Maravillosos:

Proponen un verosímil donde lo sobrenatural es ley; por eso, nada de lo que en ellos ocurre nos asombra(hechizos, transformaciones, etc)
Un ejemplo de este tipo de cuento es "Hansel y grettel": http://www.encuentos.com/cuentos-clasicos/hansel-y-gretel/


La diferencia entre ellos es que en el Fantástico el hecho sobre natural puede entenderse mediante la aceptación de lo increíble, en los Extraños lo sobrenatural puede explicarse y aclararse en forma racional y en los cuentos Maravillosos el suceso sobre extraordinario se produce en un mundo donde no rigen las leyes de la realidad cotidiana.


Integrantes : Franco Gassman y Juan Zingarini


lunes, 5 de septiembre de 2011

La llegada de la maestra a la mansión, la presentación de la señora Grose y la pequeña niña flora a la maestra.Tambien empezó a oír sonidos raros como el llanto de una niña unos pasos ligeros del otro lado de la puerta.La niña le muestra el lugar a la que cuidaba de ellos haciéndose poco a poco amigas. Gutierrez Matias y Febré Axel...

jueves, 11 de agosto de 2011

Novela: "Otra vuelta de tuerca"




Hemos decidido en el curso leer la novela "Otra vuelta de tuerca" de Henry James. La misma fue novedosa al momento de la publicación debido a sus características.
A leer se ha dicho!

lunes, 1 de agosto de 2011



BIOGRAFIA DE HENRY JAMES
(Nueva York, 1843 - Londres, 1916) Narrador, crítico y dramaturgo estadounidense de obra psicológica y estructuralmente compleja, considerado uno de los grandes maestros de la ficción moderna. Era hermano del filósofo y psicólogo W. James. Estudió en Nueva York, Londres, París y Ginebra, y en 1875 se estableció en Inglaterra. A los veinte años comenzó a publicar cuentos y artículos en revistas de su país.
En sus primeras obras manifestó la influencia de la cultura europea, como en las escritas entre 1875 y 1881: Roderick Hudson (1876), El americano (1877), Daisy Miller (1879) y Retrato de una dama (1881). Esta última, sin duda una de sus obras maestras, es un análisis de los norteamericanos expatriados en Europa. En sus primeros tiempos mostró gran pericia en la escritura de relatos breves, aunque algunos críticos le adjudicaron cierto intelectualismo que lo alejaba de la prosa de argumento o de acción.
Su narrativa en general se caracteriza por el ritmo lento y la descripción sutil de los personajes, más que por los propios acontecimientos; las tramas, aunque no suelen ser complicadas en extremo, cobran densidad por los repliegues de la estructura y el estilo indirecto, como en Los papeles de Aspern (1888) y Otra vuelta de tuerca (1898), que es para muchos la culminación de su obra.
En esta última, por ejemplo, una muchacha es contratada por una familia adinerada para que se encargue de cuidar a sus sobrinos, pues los padres de los niños han muerto. Cuando llega a la casa conoce a Flora, la niña, y a los pocos días llega Miles, el niño, y poco a poco la chica descubre que pasan cosas extrañas en la casa, pues Flora parece estar poseída por Jessel, el fantasma de la antigua niñera que había fallecido, y Miles también parece estarlo por el señor Quint, otro servidor que trabajaba allí años atrás.
En la novela los hechos nunca asumen la gravedad esperada, rasgo propio del autor, que va dilatando la verdad por medio de una prosa morosa, revelando oblicuamente los motivos y conductas de sus personajes, con diálogos y observaciones minuciosas, técnica que siguió empleando en sus últimas creaciones: Las alas de la paloma (1902), Los embajadores (1903) y La copa dorada (1904).
La forma en que narra los procesos mentales de sus personajes lo convierte en uno de los precursores indiscutibles del llamado "monólogo interior", en lo que se anticipó a maestros como J. Joyce o W. Faulkner; otro de sus avanzados descubrimientos estilísticos fue el empleo de narradores múltiples. Autor prolífico, escribió una veintena de novelas, más de un centenar de relatos, varias obras teatrales e innumerables críticas, además de lúcidos ensayos como El arte de la novela, La imaginación literaria y los Cuadernos de apuntes, que ejercieron un indudable magisterio en muchos autores posteriores.

martes, 7 de junio de 2011

La Pesadilla

No era una mañana mas, algo me decía que iba a pasar algo pero no sabia que. Me levanto como todos los días a la misma hora y con el singular ruido de mi despertador. Me siento en mi cama grande, confortable, situada en una amplia habitación calida e iluminada. Un ventanal que muestra el exterior en forma de cuadro. Observo con detenimiento esa mancha negra que contrasta la almohada blanca, curvas que se asoman en sabanas suaves, congeladas en el tiempo, como estatua viviente sin moneda, tierna, frágil, a la espera de nada ni nadie.
Ella siempre en la misma pose, inmersa en un sueño profundo y sin perturbación alguna. Todas las mañanas se despierta una hora mas tarde que yo. Cuando me despierto la observo unos minutos para llevarme una foto de ella y luego me alejo de la habitación, recorro el pasillo y bajo las escaleras con la tranquilidad de que todo esta en orden. Voy en busca del desayuno, ese ritual previo al resto del día. Hoy algo sucedería, tenia ese presentimiento desde el momento en que mi cuerpo y mi cama dejaron de se ser un solo objeto.
En la planta baja diviso su cartera arriba de la mesada. Estaba abierta como invitándome a ella. No soy de hacer esto pero hoy todo es distinto. Me acerco y con culpa la reviso. Cartas de alguien, un tal Ignacio. No era amigo de la familia ni conocido nuestro. Leo con detenimiento mientras me preparaba para lo peor. Palabras y frases como puñales. No podía creer que estaba en presencia de mi engaño, del fin de una relación y del principio de otra. Se hacia cada ves mas difícil sostener ese papel entre mis manos, era filoso y quemaba. ¿Qué debo hacer?, era el único interrogante que se me manifestaba, cuya respuesta no estaba o no quería que este.
Me conozco, ese era mi terror más grande, mi reacción podía no ser la adecuada pero ya no me importaba nada. Era tanto el dolor que el corazón no piensa, y eso me asustaba. Me acerco al bar en busca de un trago que me tranquilice pero nada era suficiente. En ese mismo instante oigo un grito. Era ella, pedía ayuda. Me nombraba entre llantos y suspiros. Corrí con fuerza hasta esa escalera sin fin, hasta ese pasillo interminable, hasta esa puerta que en ese momento separaba lo que nadie nunca soportaría ver. Su cuerpo blanco, sin vida, sus ojos perdidos en un mundo de arrepentimientos, su boca gesticulando perdón, las manos cerradas e impotentes; todo era un idioma propio que supe descifrar.
Seguía ahí, como la última ves que me fui, quieta y callada. ¿Quién fue? ¿Que hizo ella para merecerse esto?, esta ves eran otras las preguntas, cuyas respuesta yo sabia.
Me siento en mi cama, la miro y no podía entenderlo. Me recuesto sin saber que hacer y me duermo profundamente buscando la cura de todo el dolor. Al despertarme todo había cambiado: mi habitación ya no era amplia ni calida e iluminada, la cama había dejado de ser grande y confortable; todo parecía un sueño.
Y cuando de repente miro que mi ventanal ya no es un cuadro y que fue remplazado por barras verticales de piso a techo, como jaula sin salida. Me di cuenta que no era un sueño si no más bien el principio de mi pesadilla.


Es un caso de distopía porque el personaje empieza como un ser felíz y al final termina matando a su mujer y en la carcel.

Elejimos este cuento porque nos parecio muy entretenido y muy bueno para que lo lean.

Gastón Hofer,Martín Ledesma,Marcelo Luna.